Cada vez más ofertas llegan con la misma letra chica: "contratación como monotributista". A veces es un proyecto freelance genuino; muchas veces es el mismo trabajo de siempre — horario, jefe, oficina — pero facturado. Y la pregunta que todos se hacen frente a esas dos propuestas es la equivocada: ¿cuál número es más grande?

La comparación real no es entre dos números. Es entre dos paquetes — y uno de los dos trae mucho más adentro de lo que parece.

Por qué esta decisión se volvió tan común

No es tu impresión: el empleo que se crea viene corriéndose hacia el cuentapropismo. Al cierre de 2025, la informalidad laboral llegó al 43% de los ocupados — su nivel más alto en casi dos décadas (INDEC) — y el empleo asalariado registrado lleva dos años achicándose mientras el monotributo crece. Para muchas empresas, proponerte facturar es una forma de bajar costos; para ti, es transferirte riesgos y cargas que antes eran de ellas.

Eso no significa que facturar sea siempre peor. Significa que el mismo número bruto no es el mismo ingreso según el esquema — y hay que hacer la cuenta.

Lo que la relación de dependencia incluye (y la factura no)

Cuando comparas una oferta en blanco contra una de monotributo, al sueldo de dependencia tienes que sumarle todo esto antes de mirar cuál es "más":

La cuenta rápida

Regla práctica para no decidir a ciegas: una oferta como monotributista debería superar claramente — no por un 5% — al bruto equivalente en relación de dependencia, porque de tu factura van a salir la cuota del monotributo, tus vacaciones, tu aguinaldo inexistente, tu previsión para meses flojos y tu jubilación real. Haz la cuenta anual, no mensual:

  1. Oferta en blanco: bruto × 13 (12 sueldos + SAC) + valor de vacaciones y licencias + aportes que no pagas tú.
  2. Oferta facturando: honorario × meses que realmente vas a facturar (¿12? ¿10?) − cuota de monotributo − obra social o prepaga que pagues aparte − lo que decidas ahorrar para tu jubilación.
  3. Recién ahí compara — y suma el precio de la estabilidad, que no es cero: la posibilidad de que el contrato termine sin indemnización tiene que estar reflejada en el número.

Si el honorario ofrecido no supera con comodidad esa cuenta, te están ofreciendo el mismo trabajo con menos derechos.

Cuándo facturar sí conviene

Facturar no es el villano de la historia. Suele convenir cuando:

La señal de alerta es la contraria: un solo "cliente" que en los hechos es tu empleador — horario fijo, exclusividad, herramientas de ellos — pero sin ninguno de los derechos. Eso tiene nombre (relación de dependencia encubierta) y el costo lo pones tú.

La pregunta detrás de la pregunta

Elegir entre esquemas de contratación es la mitad de la decisión. La otra mitad es anterior: ¿este rol, en esta empresa, es el mejor lugar donde puede competir tu perfil — o lo estás aceptando porque fue lo que apareció?

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Compara con todos los datos sobre la mesa

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